Lo mismo de siempre, diferentes sensaciones

El ser humano vive de sensaciones. No hay dos momentos iguales, ni dos oportunidades parecidas. Uno puede pasar por el mismo lugar tres veces, que las tres percibirá cosas diferentes. Eso explica que nos enamoremos de un lugar al estar en él con una persona especial o con nuestros amigos y el mismo sitio se vea muy diferente cuando volvemos solos o dolidos en caso de que esa o esas personas ya no estén en nuestra vida. El Estadi Johan Cruyff nos ha transmitido diferentes sensaciones desde su fundación. Recuerdo todavía la primera vez que entré, en un Barça-Tacón que abría la liga. Ver el estadio vacío, adorar su inmensidad pese a ser más pequeño que el recién demolido Miniestadi y después observar como el azulgrana de la afición vestía las gradas. En ese momento, los culés crearon un hogar en el que han vivido muchas tardes de goleada, pero nunca una ha sido igual que la anterior. Aquí el Barça se ha clasificado a la final de la Champions y hoy asistíamos al partido de después de campeonar en Europa.

El ambiente en los aledaños hoy era especial, las sensaciones una vez cruzas la barrera de entrada al estadio también. Como si todo hubiese cambiado, como si hubiera engrandecido. Hasta los focos parecían iluminar como si el césped fuera el del Camp Nou. La gente visiblemente emocionada, la megafonía sonando más alto que nunca. Si lo paras a pensar te das cuenta de que es lo mismo de siempre, pero con una Champions en el bolsillo. Lo que cambia contar ahora con el máximo trofeo europea en tus vitrinas. Pero era día de partido. Porque sí, la excusa para reunirse en el Estadi Johan era recuperar el partido aplazado ante el Athletic Club, aunque el fútbol estaba en un segundo plano. Tarde de miércoles, mitad de semana y ambiente de sábado o domingo, pasillo para homenajear a Marta Torrejón por sus 300 partidos con la elástica azulgrana y entrega de trofeo de liga. Por si no fuera poco ya con haber ganado el de Champions. Lo dicho, lo mismo de siempre, con diferentes sensaciones.

Lo que no cambia es lo que ocurre cuando la árbitra indica el inicio del partido. Tres de ventaja en el marcador en veinticinco minutos. Jenni Hermoso primero y doblete de Lieke Martens después. Como si te siguieras jugando la liga, con el hambre de completar una temporada invictas. Dignando a ese fútbol que tanto les gusta practicar. Honor. Un honor que redondaron Jenni con un cabezazo tras una gran jugada por la derecha y Bruna Vilamala con gol antes de ir a vestuarios. Extraordinario hasta que se ponen a hacer lo que mejor saben hacer. La segunda parte comenzó como la primera, con tanto de Jenni, esta vez por la escuadra y con la derecha para sumar su tanto 150 con el Barça (dato de Marc Andrés). La fiesta todavía no estaba terminada, pues Lluís movió el banquillo y dio entrada a futbolistas más habituales como Mapi, Aitana o Leila y también a otras que no lo son tanto como Jana Fernández o Crnogorcevic. Bruna Vilamala anotó el séptimo y Crnogorcevi redondeó la goleada con el octavo tanto. Lo mismo de siempre, diferentes sensaciones.

Ya me disculparán por una crónica tan breve, pero lo importante hoy no era relatar el partido, sino la jornada entera. Vivir con ellas la celebración de algo histórico. Los que llevan más tiempo en esto lo sabrán de que les hablo si les recuerdo 1992. Nuestra generación ya tiene su particular Wembley con Gotemburgo 2021, algo a lo que no estamos acostumbrados. Para los que seguimos al Barça Femení es la primera vez, la que sueles recordar con más cariño. Igual que la primera vez que montaste en bicicleta, el primer balonazo que pegaste o la primera cita. Luego vienen muchas salidas por la montaña, muchos partidos de fútbol y muchas citas, pero nunca vuelven a ser tan especiales como aquella primera vez. Con esta Champions nos pasa lo mismo. Probablemente vengan más, pero nunca ninguna va a ser tan especial como esta. Nunca volveremos a disfrutar de tanto contenido de celebración porque ya habrá pasado en nuestras vidas. Ahora empieza un camino muy bonito, pero quedan atrás muchas otras cosas.

Jugadoras como Melanie o Vicky Losada en un futuro ya no existirán, por suerte. El fútbol femenino ha evolucionado tanto que hoy en día una niña puede ser futbolista en plenas condiciones desde pequeña. Pero permítanme la nostalgia, aquella que llega cuando ocurre algo grande. Las historias que cuentan estas futbolistas, los partidos del Barça en la CE Joan Gamper hace no tanto, el fichaje de María León, la caída en cuartos de Champions ante el Lyon, el último partido en el Miniestadi ante el Bayern que te llevaba a la primera final europea, la caída en Budapest, el estreno del Estadi Johan Cruyff, ganar la liga en el año del Coronavirus, caer ante el Wolfsburgo y tocar el cielo en Gotemburgo. Son muchos años y muchas historias que culminaron en una tarde mágica en casa delante de 1.000 aficionados. Emulando las celebraciones que hemos visto tantas veces con el masculino. Que las jugadoras vayan saliendo una a una mientras corean su nombre, ver como la afición ovacionaba a sus ídolas, los discursos, la vuelta de honor y los petardos.

Hoy es de esos días en los que un culé se siente plenamente orgulloso. Soy periodista, sí, pero a veces me gusta salirme de mi faceta más profesional y sentir el azulgrana como propio. Con el mismo orgullo con el que iba a ver al femenino a la Joan Gamper o veía como el Atlético levantaba las ligas y los grandes en Europa nos pasaban por encima. La eterna historia de que debemos disfrutar el proceso. Créanme cuando les digo que lo he disfrutado y mucho. El camino hacia la gloria ha estado repleto de experiencias y con todas ellas debemos quedarnos. He tenido la suerte de vivir al Barça ganador, con sus tropiezos y caídas. Por ello hoy ha sido imposible no derramar alguna lágrima cuando he visto a Vicky, Alexia, Aitana, Mapi, Paños o Melanie celebrar. Porque hace nada las veía en la CE Joan Gamper a un palmo delante mío y pensaba en lo que iba a ser cuando llegara. Y ha llegado. Sé que el periodista nunca debe ser protagonista, pero es día para tomarse licencias. Porque el Barça seguirá ganando, no lo duden, pero todas las victorias tendrán un sabor diferente a la primera. Por eso hay que degustar cada detalle, cada minuto, porque estamos viviendo una primera vez. Y ya saben lo que dicen, que las primeras veces nunca se olvidan.

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