El eterno invierno del FC Barcelona

Los culés se despiden de los octavos de final de la UEFA Champions League tras un contundente 3-0 del FC Bayern München

Crónica publicada por Joan Cebrián (Twitter: @MrMotijoan)

Desde 2018 competir en Europa se convirtió en invierno para el FC Barcelona. La noche vivida aquel 10 de abril en el Estadio Olímpico de Roma sentenció al club. Cada temporada nueva pasó a suponer un flamante trauma que, como el hielo, se clavaba en la memoria culé. La que era hasta hace poco la herida europea más reciente del Barça llegó de la mano del FC Bayern München en el Estádio Da Luz, localizado en Lisboa. Y el destino, tan caprichoso como el propio fútbol, reunió poéticamente los ingredientes que finalmente sepultado al Barcelona en la nieve. Con un 3-0 el gigante alemán ha hundido a los blaugrana hacia la UEFA Europa League y ha alegrado a un SL Benfica que sí cumplió con sus quehaceres en Da Luz.

La estampa en Múnich era cuanto menos premonitoria de lo que podía llegar a suceder durante la noche. La nieve caía en un Allianz Arena mudo sin la presencia del público. Quizás el hecho de no tener 75.000 espectadores en contra fuera un punto favorable para el Barcelona, pero al mismo tiempo era revelador. Al fin y al cabo, en numerosas ocasiones el silencio dice mucho más que miles de palabras y así quedó demostrado a medida que llegaban los goles del Bayern. El contexto era totalmente distinto en Da Luz, donde los benfiquistas sí pudieron ser el decimosegundo jugador de su equipo. Las águilas agradecieron que el espíritu de Béla Guttmann no hiciera acto de presencia por mucho que el partido ante el Dinamo de Kiev fuera considerado una final.

El FC Barcelona no empezó mal ante el Bayern de Múnich. Se resistió al somnoliento carácter de la nieve y mordió al campeón de la Bundesliga durante la primera media hora. Encomendados al clásico 4-3-3, que Ousmane Dembélé estuviera emparejado con Benjamin Pavard suponía una llama de esperanza para los culés en ataque. El experimento de Ronald Araujo como lateral derecho también parecía convincente al tener por delante un diferencial Alphonso Davies, rechazado por la directiva de Josep Maria Bartomeu antes de su llegada al Bayern. Jugadores como Memphis Depay o Sergiño Dest prolongaron su racha errática a nivel individual, pero eso no impedía que el Barça se mostrara en el Allianz Arena como realmente debería ser.

Sin embargo, el Barça no dejaba de ser un conjunto frágil. El equipo hacía funambulismo en el peor contexto posible y su entorno no ayudaba. Las exageradas expectativas con las que el Barcelona cargaba en su alambre particular pesaban tanto como la fragilidad defensiva o la inefectividad de cara a portería. Un mal pase de Marc André Ter Stegen -que obligó a Sergio Busquets a cometer una falta sobre un enfadado Robert Lewandowski- destapó que el Barcelona seguía siendo de cristal. Posteriormente la lesión de Jordi Alba lo corroboró definitivamente. A partir de la lesión del internacional español el Bayern apagó el fuego de la esperanza, se regodeó en los fantasmas del pasado de los blaugranas y empezó su cacería particular. Los bávaros ratificaron por qué los culés están atrapados en la tierra baja.

Ter Stegen pudo hacer más, pero que el balón entrara heló definitivamente a los aficionados blaugranas en una cruda verdad: que después de los traumas europeos dejó de ser aquel portero extremadamente diferencial.

Xavi Hernández decidió sustituir al lateral izquierdo por Óscar Mingueza, algo que supuso una de sus pocas acciones reprochables hasta la fecha. Cuatro minutos después llegó el primer gol del Bayern gracias a Thomas Müller. Lewandowski desafió a Gerard Piqué el tiempo suficiente para entregarle el gol al incomprendido genio alemán a través de un centro. Nueve minutos más tarde Leroy Sané envió un zurdazo desde fuera del área a la red culé. Ter Stegen pudo hacer más, pero que el balón entrara heló definitivamente a los aficionados blaugranas en una cruda verdad: que después de los traumas europeos dejó de ser aquel portero extremadamente diferencial.

En Lisboa el Benfica llegó al descanso con un 2-0 a favor, así que el Barça estaba obligado a marcar como mínimo tres goles en Múnich para llegar a los octavos de final de la Champions. Los culés intentaron reconstruirse haciendo entrar a Nico González por Dest, pero a pesar de saber a la perfección que estaban entre la espada y la pared, poco instinto de supervivencia se le podía pedir a un equipo deshecho en el marco anímico desde hace años. El Bayern siguió dominando en la segunda parte ante un Barcelona poco iluminado en ataque. Jamal Musiala sentenció definitivamente con el 3-0 en el 62 en una segunda parte en la que los bávaros se permitieron el lujo de hacer que un perico como Marc Roca pudiera regodearse en el cadáver blaugrana.

Mientras en Da Luz la alegría rebosaba, el Barcelona se abrazó a la tristeza. Quizás culpar a los errores individuales del mal tiempo sería lo más sencillo, pero al mismo tiempo lo más engañoso. El Bayern demostró que se encuentra en una tierra alta que los blaugranas actualmente no pueden alcanzar ni por talento, ni por nivel individual o grupal. El 3-0 de los bávaros ha sepultado en la nieve las semillas de aquel club que en su momento fue grande gracias a un rumbo (o método) establecido. El invierno ha pasado a ser eterno en el recuerdo culé, que ahora deberá experimentar el jarro de agua fría que supone participar en la Europa League. Ahora Xavi cuenta con la obligación de hacer de esa etapa un trámite en el que el club pueda hibernar, esperar a que la nieve se descongele y plantar de nuevo las flores del Barça ganador e identitario que todos sus seguidores quieren ver.

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