Siempre nos quedará Barcelona

Columna publicada por Edu Boada (@edu3boada)

Realmente nunca he sido capaz de poner en palabras todas las emociones que me pasaron por la cabeza durante aquellos días. El bloqueo imposibilitaba cualquier intento de describir todo lo que había vivido en un folio.

Pero ocurrió. Durante los días posteriores piensas. ¿Y si no es cierto? ¿Y si cambia de opinión? ¿Y si se queda? ¿Realmente se está marchando? Cuesta asumirlo, y no quieres hablar de ello. Todo el mundo sabe que eso está ahí, que es el tema, tu tema, sin embargo, aceptan que tú eliges los momentos. Tú marcas las pautas de tus emociones. Y vas tirando. Y vas creyendo que eventualmente un día harás el clic, se acabará la pesadilla y todo volverá a su sitio. Convencido piensas ¿por qué no debería ser así, si lo ha sido durante años? ¿Por qué ahora no?

De repente, han pasado dos meses y no sabes cómo, pero cada uno ha ido haciendo lo suyo, con mayor o menor acierto, pero su camino. Realmente, por primera vez te das cuenta y te niegas y aceptas, y te enojas y no lo ves claro, pero está pasando. Ha ocurrido. Y no hay vuelta atrás, ¿verdad? Las dudas y la aceptación, aunque sensaciones contradictorias perviven en un limbo temporal. Los hechos te dicen que ya no está, pero las fotos y todo lo que has ido coleccionando a lo largo de los años hacen pervivir de forma intacta todos los recuerdos. Vives en un espacio onírico donde por un momento puedes volver atrás y no aceptar los hechos mientras los ves nítidamente.

Messi luciendo por primera vez la «10» con el PSG (Catherine Steenkeste-Getty Images)

El kitschismo nos ha regalado algo estupendo y es que todas esas frases de autoayuda que un día alguien dijo ahora empapelan nuestras casas. Como dice ese imán pegado en mi frigorífico: «life is what happens while you’re too busy making other plans» la frase se supone que la dijo John Lennon en algún momento de su vida. Pero sin saber cómo, esa idea que podría estar, también, escrita en cualquier taza del Mr.Wndrfl, da sentido a las emociones que poco a poco has ido dejando a un lado. Te das cuenta de que no han desaparecido, pero que el ritmo frenético de la vida te hace ponerlas en segundo plano. El multitasking diario las ha minimizado para dar paso a otros más banales, pero que te permiten seguir funcionando. Porque al final no sólo somos animales sociales que decía Aristóteles, sino que también se espera de nosotros que todos los días seamos animales funcionales.

Los expertos dicen que el proceso de recuperación que marcará la disponibilidad de un corazón roto va de seis meses a dos años. Y un día sin saber cómo te sientes fuerte y valiente. El auto conocimiento se apodera de ti. Por fin, tú «yo» puede convivir con esas emociones que durante mucho tiempo habían sido escondidas en el rincón de pensar. Te das cuenta del trayecto. Y con melancolía recuerdas todo lo que durante años fuisteis, cómo crecisteis a la par. Y ahora sin remordimientos entenderás la felicidad compartida. Comprenderás que podrá hacer felices a otros y que esto no borrará vuestro viaje. Y finalmente, después de todo este tiempo, estarás convencido de que siempre os quedará Barcelona.

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