Piqué y el miedo a ser un actor secundario

Artículo escrito por Diego González (@DGGonzalez_)

No hay mayor éxtasis en la vida que vivir sin preocupaciones. Despertarse y afrontar el día como uno más, sin importar la fecha que señala el calendario. Pero, realmente, este privilegio está al alcance de pocas personas. Los futbolistas forman parte de ese conjunto, especialmente aquellos que siempre tienen un sitio y salario garantizado sin importar su rendimiento sobre el campo. Antes, la edad o la experiencia era un factor fundamental para la titularidad de un jugador, sin embargo, la prematura profesionalidad en adolescentes ha modificado el organigrama de los equipos al situar a jóvenes promeses con un mayor estatus al de los más veteranos.

A Gerard Piqué la vida siempre le ha sonreído. De nacer en una acomodada familia y destacar en las categorías inferiores del FC Barcelona, recogió la oportunidad de seguir su recién iniciada carrera en Manchester y Zaragoza. Como un Erasmus estudiantil, su estancia en el extranjero fue menos productiva de lo esperado pero en el que no faltaron historias para contar. Con su primera Champions en su historial, Guardiola le rescató cuando más incierto era su futuro para convertirle en la perfecta definición del central que se amolda a la filosofía del club, también con la ayuda de Carles Puyol, su pareja de baile desde su retorno a Barcelona. Decenas de títulos sin años vacíos, todo cambió al llegar la época más oscura del club situando a Piqué en el centro de la diana.

Las debacles en Roma, París, Liverpool o Lisboa empezaron a construir villanos dentro de la propia estructura del FC Barcelona. Pero los continuos fracasos no condujeron a cambios decisivos, acogiéndose siempre a un pasado glorioso para estrujar sus últimas gotas. Llegaban posibles sustitutos de las denominadas “vacas sagradas” y en cuestión de una o dos temporadas sus currículums quedaban desechados al no encajar en el recuerdo. Y mientras los fracasos se sucedían, solo Piqué estaba dispuesto a dar un paso atrás para mejorar al equipo.

A pesar de los cambios de entrenador, el ‘3’ siempre ha sido considerado imprescindible para que la defensa culé funcionase como un preciso acordeón. La edad y sus últimos problemas físicos le han impedido ganar duelos individuales como antaño, pero su valor ahora reside en la sincronización defensiva, tanto para la trampa del fuera de juego como en el funcionamiento de la presión. Un riesgo a asumir contra sus propias condiciones. Sin su presencia, el FC Barcelona ha adolecido esa virtud fundamental para defender lejos de su portería, en cambio, nadie se ha acordado de Piqué cuando se producían las derrotas sin él en el campo, al contrario de lo que ha ocurrido cuando estaba. Mientras las características exuberantes de Ronald Araujo han provocado que se revele su decadencia física, que a ojos del espectador suele ser lo más llamativo.

A falta de una reconstrucción defensiva con jugadores pertenecientes a las categorías formativas del club, como ocurre en otras demarcaciones, provoca que los nuevos defensas que han llegado de otros equipos deban cumplir con un ciclo formativo para encajar en el estilo. Según lo visto durante esta pretemporada, Piqué parece partir con cierta desventaja respecto a Araujo, con sitio fijo, Christensen y Éric García. La llegada de Jules Koundé también le resta opciones en el once titular, del que se espera que forme junte a Araujo en la zaga culé para afianzar el relevo generacional del Puyol-Piqué. Sin embargo, los problemas en el lateral derecho con Sergi Roberto y Serginho Dest como únicas opciones abren la puerta al francés y al uruguayo para sumar minutos en esta posición, lo que despejaría el camino a Piqué para mantener su titularidad.

«En el momento en el que sea suplente, me retiraré en el Barça»

Sin deber sacar conclusiones serias, la gira por Estados Unidos ha servido para recuperar la confianza en Éric y vislumbrar una perfecta complementariedad con Christensen. Al fin y al cabo, el danés comparte ciertas similitudes con la mejor versión de Piqué, compensando las debilidades sin balón del ex del Manchester City. Pero es cierto que del ‘3’ se ha percibido una diferencia física negativa respecto a los demás defensas, también lastrado por su última lesión muscular, y que es el motivo de sus tres suplencias en los amistosos. A la afición y los medios le han servido para colocarle la cruz, aprovechando también sus últimas noticias extradeportivas, mientras Xavi insiste en que deberá trabajar como uno más para ganarse el puesto. Pero, ¿debe ser un recambio inmediato o tiene que ser más progresivo?

Ahora Piqué, con 34 años, se encuentra en la recta final de su carrera contra su mayor miedo: dejar de ser importante. Yo no tengo dudas de que seguirá teniendo un papel principal durante este curso, como ocurrió el año pasado con diversas exhibiciones, sin embargo, para recuperar la senda triunfal se debe empezar a reducir el protagonismo de las “vacas sagradas”, como son también Jordi Alba y Busquets. Salir del círculo vicioso de los últimos años y dejar florecer el talento. Y en caso de no recuperar la confianza de Xavi, Piqué tendrá el derecho a dar ese paso atrás definitivo. Porque, a veces, es mejor despreocuparse que luchar contra lo imposible.

Imagen de Sport

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