«Guess who’s back? Back again»

El FC Barcleona supera un test difícil en el Ramón Sánchez-Pizjuán con un contundente 0-3

Crónica de Joan Cebrián (@Motijoan)

Jugar contra el Sevilla FC siempre significa tener una fecha marcada, especialmente cuando toca visitar el Ramón Sánchez-Pizjuán. 40.000 sevillistas se dejaban la voz cantando su himno, de los más impresionantes que ofrece el fútbol español, para intimidar al FC Barcelona. Buscaban ser ese decimotercer jugador que generara superioridad ante ese rival que en los últimos años dejaba señales sobre las dificultades que sufría para competir. Pero al Barcelona de Xavi Hernández le ha servido para demostrar que trabaja para estar a punto en las grandes citas. El Barça ha ido de menos a más para despedirse de la capital sevillana con un 0-3 a su favor.

El FC Barcelona llegaba al Sánchez-Pizjuán después de una semana intensa en los despachos. El Deadline day del mercado de fichajes había marcado toda la agenda pública. Pero con la plantilla ya cerrada, el conjunto blaugrana debía seguir con su camino: hacer que los sudores vividos en las oficinas valieran la pena. Si el Barcelona era blanco, el Sevilla era negro. El mercado de los hispalenses ha sido el contrario al de los culés. En poco tiempo los sevillistas habían visto cómo se derrumbaba todo lo construido, pero jugar ante el Barça siempre supone un plus. Un halo de esperanza con el que reforzarte o consolidarte, pero el equipo de Xavi se encargó de deshacerlo.

El inicio fue duro para el Barcleona. El Sevilla apretaba y buscaba jugarle al Barça de tú a tú con su propia medicina: la verticalidad. Cuatro minutos tardó el conjunto hispalense en dar el primer susto: Isco Alarcón aguantó el balón el tiempo necesario para dársela a Ivan Rakitic con un suave toque, de aquellos donde se denota calidad. Pero Marc André Ter-Stegen enseñó el actual estado civil del Barça: “Guess who’s back? Back again”. El portero sacó el mano a mano a su excompañero de equipo y al cuarto de hora desvió un peligroso balón de Youseff En-Nesyri. El mensaje era tan claro como el de Eminem en Without Me: que quizás el pico de The Marshall Mathers quedaba atrás, pero había vuelto. Talentos como los del rapero o el cancerbero pueden pasar altibajos, pero nunca mueren. Lo que es ‘una buena versión’ suya para ellos, para el resto de mortales puede significar la excelencia.

El Without Me particular del FC Barcelona arrancó en el minuto 20. Raphinha puso el 0-1 después de que Robert Lewandowski casi deleitara con su carta de presentación en el Sánchez-Pizjuan como culé con una gran vaselina. Gavi robó y Ousmane Dembélé condujo hasta asistir a Lewandowski, pero el gol entró de una forma poco llamativa en comparación a lo que podría haber sido. Pero entró, que al fin y al cabo es lo que cuenta. El ‘9’ iba avisando, pero en el 36 no dudó. Ganó el espacio como quiso a Fernando Reges y Tanguy Kouassi para marcar un golazo. Dos toques necesitó el polaco: el primero para controlar con el pecho y el segundo para rematar de primeras. Robert demostró que es una psicomotricidad ejemplar. Que este trabajo está hecho para él.

El gol de Robert Lewandowski llegó precisamente gracias a un centro de Jules Koundé, que volvía al que fue su hogar poco tiempo después de ser inscrito en LaLiga como culé. El partido de francés patentó por qué el movimiento es excelente para el FC Barcelona: ganó duelos, cortó balones, jugó e hizo jugar. Sencillo en la teoría pero difícil en la práctica. Por si la noche de Koundé no había sido excesivamente buena, en el minuto 50 volvió a asistir. En esa ocasión a Eric García. A pesar de estar envuelto de un debate constante, el central tuvo que marcar su primer tanto como culé -en una jugada a balón parado- para que algunos seguidores se quitaran la venda que les impedía valorar su inicio de temporada. Desgraciadamente García se retiró lesionado, pero hizo otro recital sobre cómo interpretar el juego forzando fueras de juego constantemente al Sevilla. Tampoco ayudó que Julen Lopetegui no se atreviera a emparejar a En-Nesyri con el central catalán.

Por mucho que llegara a parar, el Barcelona no le permitió a Yassine Bounou tener una gran noche. A medida que pasaron los minutos el Barça se encontró mucho más cómodo. Gavi hizo de multiusos al realizar todas las tareas imaginables para un mediocentro. Tanto él como Pedri brillaron más cuando dejaron de obsesionarse por posicionándose en los intervalos de las dos líneas sevillistas. Incluso Dembélé se atrevía a disfrazarse de Leo Messi con un recorte y una vaselina teniendo a Lewandowski solo para definir. Su mirada de amor-odio hacia el francés le delató como sus aplausos posteriores. Todas las cosas que están bien dentro del Barcelona quedaron ejemplificadas en esos dos simples gestos.

Lo sorprendente del partido fue que los blaugranas consiguieron imponerse en un escenario difícil. Hacer que al Sánchez-Pizjuán no le quedara más remedio que arrodillarse ante su superioridad, no sin dejar de lado los tramos donde lo pasó mal. En un mundo ideal para los blaugranas esto no sería una novedad, pero los últimos años del Barcelona hablan por sí mismos. Ahora el Barça se encuentra como Eminem, mandando a callar: “You waited this long, now stop debating ‘Cause I’m back, I’m on the rag and ovulating”.

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