Lo que de verdad importa

El Nuevo Mirandilla vivió la imposición del FC Barcelona por 0-4, un hecho secundario ante una lección sobre cuáles son las prioridades

Crónica de Joan Cebrián (@Motijoan)

Prácticamente nadie se imaginaría que la visita del FC Barcelona acabaría con la imagen de Ronald Araújo rezando en medio del césped o la de Jeremías Ledesma corriendo para dar un desfibrilador porque el protocolo de seguridad no funcionó. En el minuto 81 el partido entre el Cádiz CF y el Barcelona pasó a un segundo plano, al menos en lo que se refiere al aspecto futbolístico. Porque un aficionado sufrió un colapso y pasó de presenciar un partido a jugar él mismo otro para, afortunadamente, contar aquel susto a sus seres queridos en un futuro.

Cualquier estadio de fútbol sirve para dejar atrás las penas y sacar ese lado irracional que todos tenemos dentro. 90 minutos en los que reímos, lloramos o nos emocionamos gracias a los clubes que sentimos. Viendo partidos tanto en el propio campo como en la televisión demostramos que podemos llegar a querer tanto a nuestro equipo como a nuestra tierra. El Nuevo Mirandilla no es una excepción, pero quizás su importancia como oxígeno es mayor teniendo en cuenta el contexto de Cádiz. La provincia andaluza es una de las más afectadas por la pobreza crónica, por lo que cualquier alegría a través de un balón entrando en la red siempre es bien recibida.

El Cádiz demostró saber sufrir. Actualmente los gaditanos pasan por su peor momento desde la llegada de Sergio González hacia los banquillos. Sin embargo, cada partido demuestra la misma idiosincrasia que los trabajadores del metal que a finales del año pasado se movilizaron por sus derechos: que es un equipo trabajador y no bajará los brazos hasta el final para poder conseguir su objetivo. Desde el lado del FC Barcelona era fácil caer en la confianza, pero teniendo puestas en marcha las rotaciones en el once titular, lo mejor para los culés era no dar nada por hecho.

Se pudo ver que el Barcelona no estaba tan cómodo como querría ante el bloque bajo del Cádiz. Tardó 55 minutos en abrir la lata y lo hizo a través de Frenkie de Jong, que aprovechó un pase de Gavi tras una buena combinación con Raphinha. Con Ferran Torres y Memphis mostrando la cruz, Robert Lewandowski tuvo que salir al césped para marcar el segundo gol y asistir a Ansu Fati para el tercero. Sin embargo, los goles de Fati y Ousmane Dembélé (pasados del fatídico minuto 81) poco importaron. Todos los espectadores presentes en el Nuevo Mirandilla y en todos los televisores estaban -con toda la razón y lógica- más pendientes del seguidor gaditano que del fútbol.

En lo futbolístico el Barcelona de Xavi Hernández se miró al espejo y reafirmó la importancia de tener recursos variados. La imagen de Gerard Piqué como titular sorprendió tanto como verle en un nivel bajo en comparación al superávit de temporadas anteriores. Héctor Bellerín debutó como blaugrana. El partido no le ayudó a destacar pero sí fue una introducción correcta para demostrar que a un futbolista, por mucho que tenga un agradecido compromiso con causas como el ecologismo o la lucha contra la homofobia, no se le ficha por ser alternativo en un ecosistema tan básico. De momento, el mayor reclamo de la línea defensiva sigue siendo Alejandro Balde. Pero igual que el Barça puede estar satisfecho con la cantidad de perfiles con los que cuenta, tampoco puede negar que al final es la grandeza de los jugadores Lewandowski o Pedri González lo que resuelve partidos dentro de una idea coral.

Después de mucho ruido sobre movimientos económicos y las acciones de otros clubes, al Barcelona la visita al Nuevo Miranda le ha servido como lección para valorar lo que de verdad importa. Poner en una escala cuáles son las prioridades y darse cuenta de que, cuando la vida de una persona está en juego, el resto da igual. Tocaba dar ejemplo y los blaugranas lo dieron en todo momento junto al Cádiz. ¿Qué sería el fútbol de los aficionados? Probablemente nada. Afortunadamente el seguidor gaditano se encuentra estabilizado y podrá experimentar el respeto vivido en todos los aspectos. Incluso en el periodístico, que últimamente ya es decir. Quizás esto sirva a los clubes para bajar los pies a la tierra y comprometerse más con sus seguidores sin tener que llegar a situaciones extremas.

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