Nostalgia tóxica, impotencia y sal en la herida del Barcelona

El Inter de Milán bate a un FC Barcelona falto de ideas en San Siro con un preciso tiro de Çalhanoğlu

Crónica de Joan Cebrián (@Motijoan)

Actualmente la UEFA Champions League se resume en un “quiero pero no puedo” para el FC Barcelona. Los traumas se arrastran y requieren soluciones con tiempo para afrontarlos. La derrota ante el Bayern de Múnich supuso bajar los pies a la tierra, un mensaje para que al Barça no se le ocurriera formar parte del colectivo de “gente que se flipa”. Sin embargo, la experiencia blaugrana en San Siro ha vuelto a estar marcada por la impotencia, por volver a hacerse daño en una herida todavía abierta y tener recuerdos del pasado como el 3-1 que el Inter de Milán le endosó con Pep Guardiola en el banquillo. En esta ocasión el Inter ha vuelto a superar al Barcelona y Xavi Hernández, ahora en el banquillo, con un 1-0 que ha levantado la misma crueldad vivida en 2010.

Por mucho que Xavi incidiera en las ruedas de prensa que la Champions League no tiene por qué ganarla el mejor equipo, el FC Barcelona sabía de sobras que necesitaba ganar. Por pura autoestima, para mirarse en el espejo -aunque probablemente no sea lo que más necesite- y verse de nuevo como aquel club que una vez fue. Llegar al partido tras volver al liderazgo de LaLiga dos años después reforzaba ese hecho. Obsesionado con ese producto de la nostalgia, el Barça echó demasiado la mirada atrás y el Inter de Milán no dudó en echar sal a su herida. Los neoazzurri brindaron recuerdos del pasado a los blaugranas transfiriendo las sensaciones de aquel 2010 a la actualidad. El Inter estuvo donde quiso estar en todo momento y el Barça jugó uno de sus peores partidos del momento.

El Inter de Milán se sintió extremadamente cómodo dificultando la salida de balón del FC Barcelona para luego posteriormente estructurar un buen bloque bajo. La dicha de no poder dar por muerto a cualquier equipo italiano hasta el pitido final se cumplió. El Barcelona no contaba con espacios suficientes, y con Pedri González como único factor determinante en tres cuartos de campo, el equipo optó por jugar a través de Ousmane Dembélé. La poca fortuna del Barça recayó en que ni el extremo francés estaba acertado ni Raphinha contaba con impacto por la banda izquierda. Las ideas estaban en la mente pero la ejecución fallaba.

La impotencia del Barcelona se transmitía en cómo le costaba materializar su trabajo y la facilidad del Inter de Milán para destruirlo. Dos sustos en forma de fuera de juego pusieron en alerta a los blaugranas. El primero en el 23’, cuando un mal posicionamiento de Lautaro Martínez evitó que Eric García pasara a ser uno de los señalados de la noche por unas manos. El siguiente, cinco minutos después, también tuvo valor para los blaugranas porque se salvaron de que un gol de Joaquín Correa adelantara al Inter. Sin embargo, Hakan Çalhanoğlu no perdonó: interpretó bien la segunda jugada y, en cuanto Sergio Busquets se desajustó con Gavi, no dudó en aprovechar ese espacio para poner el balón en la red barcelonista con la precisión digna de un francotirador.

La inefectividad del FC Barcelona en ataque, reflejada en las acciones de Dembélé -con balón al poste incluido en la ocasión más clara para los culés- y la inactividad de Raphinha o Robert Lewandowski, contrastó con el buen partido que realizaron ambos centrales. De todas maneras, ni siquiera en ese aspecto el Barça tuvo un respiro. Andreas Christensen salió lesionado en el 58’ y ahí fue cuando los blaugranas se dieron cuenta de que la situación era mucho peor de la que llegaron a imaginar. Que por mucho que Ansu Fati y Alejandro Balde intentaran revolucionar el partido, las cosas no iban como tenían en mente. 

De tanto mirarse al espejo para verse cómo fue una vez en el pasado, los culés revivieron la estrecha relación que tiene el arbitraje con la polémica cuando está en San Siro. En esta ocasión, Pedri marcó en el 67’ tras un error de André Onana, pero el gol fue anulado por mano de Fati. En cambio, al filo del pitido final, las de Denzel Dumfries no fueron señaladas. La mirada de Filippo Inzaghi lo decía todo, Italia es uno de esos lugares donde los imposibles son realidades. Aun así, esta pequeña dosis del pasado no era la más importante, puesto que la más significativa era la ausencia de una superioridad en el juego.

La nostalgia de verse como antaño acabó en pura toxicidad que generó impotencia y echó sal en la herida del FC Barcelona con la Champions League. Con la obsesión del paralelismo entre Xavi y Guardiola en los banquillos, a los blaugranas se les olvidó que tal vez a corto plazo lo mejor era mirar al pasado reciente con Ernesto Valverde. No precisamente por el juego, si no por al menos recuperar aquella efectividad en Europa generando tan poco. El Barça llegaba a San Siro confiado, como aquel que una vez ha empezado a reconstruir su vida cree que puede con todo. Pero los blaugranas, una vez se plantan delante de su deseada, se deshacen. El estómago se les revuelve y las lágrimas se les saltan: no puede negar que todavía tiene mucho trabajo emocional y material por delante. Que los “quiero pero no puedo” se tienen que traducir en muchos más “tenemos que hablar”.

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