La constatación de muchos fracasos

Sensación de Déjà vu la de anoche. Una experiencia amarga y de vacío intenso demasiadas veces vivida en el último lustro. Si algo nos aseguraban es que esto no pasaría más. Y no solo la eliminación en fase de grupos, que también, sino esa sensación de casi jugar a otro deporte, de niños contra hombres plasmada en esos disparos a puerta bloqueados por los gigantes bávaros sin aparente esfuerzo. La constatación de un fracaso, en forma de compulsa futbolística y clasificatoria que estamos muy lejos de la élite europea pese al ilusionante relato que en el verano nos hizo recobrar la ilusión a todos los culés, como demuestran los 84.016 espectadores que anoche se acercaron al Camp Nou pese a saber antes del pitido inicial, incluso antes de salir de casa o del trabajo, que estábamos eliminados de la Champions League.

Y es que la noche de ayer es la constatación de muchos fracasos, no solo de ese. Fracasos individuales y colectivos, económicos, deportivos y también institucionales. Hay nombres, decisiones y políticas que quedan con el culo al aire sin acabar el mes de octubre, con la casi certeza de que no nos han servido para lo que necesitábamos o al menos pensábamos que nos aportarían.

Vayamos de abajo a arriba. De lo menor a lo mayor. En primer lugar, el partido de ayer deja una serie de damnificados entre la plantilla. Unos, digamos colaterales como Bellerín, fotografiado en demasiadas ocasiones, incluyendo los dos primeros goles, o Kessie, incapaz ya de sostener el ritmo del Barça como para hacerlo con el del juego alemán. Ambos demostraron no poder ofrecer el mínimo nivel para formar parte de la plantilla que devuelva al Barça a la élite europea. Repasemos los tres grupos más importantes.

En primer lugar, los fichajes. Salvo quizás Koundé, que sin hacer nada del otro mundo podemos decir que estuvo a la altura del partido, el resto, en mayor o menos medida, pasaron de puntillas por el partido. Un Lewandowski, al que nada se puede achacar, frustrado según pasaban los minutos al saber que hace unos meses estaba en el lado ganador, y ahora apenas tocaba balones en el área y se iba a casa sin un remate que llevarse a la boca; Raphinha que parece haber perdido confianza según se le va relegando a un puesto de relleno en la delantera; Marcos, superado fuera de su posición en la que ve como un avión de 19 años recién cumplidos, que perfectamente podría haber jugado vestido de blanco, le cierra las puertas de la titularidad; además de los ya mencionados Bellerín y Kessie. Para este viaje, no hacían falta estas alforjas, pero eso vendrá luego.

En un segundo lugar, los «veteranos», como Ter Stegen, quien sin culpa en ningún gol volvió a ser goleado aun sin la inquisidora presencia de su némesis Neuer en la otra portería; Dembelé, que, pese a ser junto a Baldé el único que amenazó y ganó duelos en la primera parte, nos devolvió en la segunda parte a su versión habitual de azulgrana estos cinco años que tan largos se nos han hecho; o Frenkie de Jong, superado en todo momento pese a su innegable actitud luchadora, e incapaz de gobernar mínimamente el centro del campo ante Kimmich. Tres contratos inasumibles si el techo de este equipo es caer en fase de grupos de la Europa League y que se han contagiado de las taras psicológicas de los capitanes, personificados en la persona de un intrascendente Sergio Busquets, sin peso alguno en el juego ni en el partido, y dándole la razón a los que le unen a sus compañeros de capitanía al calificarlos como ex-jugadores. Eso sí, con contratos de top mundial en su plenitud, heredados de un pasado reciente y gravoso, del que no han querido renegar en forma de renegociación auténtica y generosa de sus condiciones contractuales, a las que tienen todo el derecho a aferrarse, pero que son paladas de tierra encima de sus tumbas futbolísticas, poniendo en riesgo con el paso de los partidos su legado entre el barcelonismo, desgraciadamente.

Y en tercer pero prominente lugar: Xavi. Un Xavi que va dilapidando al estilo de los capitanes (y según algunos arrastrado por ellos y sus presencias en el campo), todo el capital enorme que su bagaje como historia del barcelonismo sobre el césped traía consigo para compensar su falta de experiencia y la escasa cualificación de su cuerpo técnico. Cada vez se aleja más el Xavi de las ruedas de prensa, que parece tener tan claros los diagnósticos, las soluciones y su implementación (su «lo habíamos trabajado» va camino de convertirse en su «en un momento dado») del que vemos plasmado en el equipo sobre el césped. Debería saber que se le tienen muchas ganas en muchos foros, no solo en Madrid, y que si se ve destapado de su aura de leyenda como cerebro y capitán del mejor Barça de la historia, no tardará en sufrir un desgaste terrible, que difícilmente será suavizado desde el palco, donde diría que se le empieza a ver como un buen escudo más que una pieza capital sobre la que sustentar el proyecto deportivo y de club.

Y llegamos al club, incuestionablemente personificado en su presidente, Joan Laporta, pues su deriva de tratar al club como una «empresa familiar», unido a su personalidad y número de enemigos en todos los frentes, lo dejan diariamente a pecho descubierto ante las balas que silban en todas direcciones. Y es que el gran fracaso de esta eliminación en la fase de grupos es el de sus «palancas», ese audaz salto hacia adelante de vender parte del patrimonio del club para conseguir devolver al Barça a la élite europea.

Es evidente que no lo ha conseguido, se pongan los condicionantes que se pongan. Estamos en Europa League, en el mismo sitio que hace un año en Europa, que era el objetivo y justificación de formar esta gran plantilla esta temporada y de volver a poner en marcha el antiguo círculo virtuoso de su primera etapa como presidente. Porque, visto el nivel de la Liga Española, meterse en Champions es casi un paseo. Hasta un Barça como el del año pasado, noveno a estas alturas en Liga, y dejándose llevar las últimas jornadas, lo consiguió sobradamente. Entiendo que la primera palanca, la del 10% de los derechos de TV de la Liga era obligada por los requerimientos (covenants) de los principales acreeedores del club, pero los restantes 500M€ (15% de derechos TV de Liga y 49% de Barça Studios) no se justifican si vemos el resultado de la temporada en Europa.

Además, sin esos 500M habría sido mucho más sencillo convencer a algunos jugadores salir este verano traspasados, seguramente consiguiendo una reducción importante de la masa salarial (sueldos + amortizaciones), el principal problema a día de hoy del club, y de paso, nos habríamos ahorrado el aumento de 130M que se ha presupuestado para este año. Habría sido suficiente para fichar a Lewandowski como piedra angular incluso sin salir del 1:4, pues la cesión por segundo año de Griezmann, la venta de Coutinho ya en el último año de contrato, además de las salidas deseadas y no conseguidas, habrían hecho el hueco suficiente para acometer su incorporación. Sin olvidar, que precisamente ese 1:4 (o 1:3 en el mejor de los casos), permitiría reducir en el menos el doble del coste anual de las nuevas incorporaciones la masa salarial.

Y además, habría legitimado la petición de un esfuerzo real, y no el casi testimonial que hasta ahora hemos vivido, por parte de los capitanes, apelando a su barcelonismo y la situación límite del club, que es incuestionablemente real. Esto es difícilmente defendible con 500M de ingresos bajo el brazo y 150M gastados en fichajes. La apuesta era valiente y, como dije en su momento, perfectamente consustancial a lo que se espera de un Joan Laporta legitimado para tomar este tipo de decisiones por su aplastante triunfo electoral del año anterior. Pero llegados al día de hoy, podemos afirmar que es el principal fracaso de los consumados en el día de ayer.

Solo nos queda, que no es poco, la inasequible voluntad, no diría ya ilusión visto lo visto, del socio y aficionado culé, el verdadero triunfador de este primer tramo de temporada, acudiendo masivamente al Estadi, y apoyando continuamente al equipo independientemente del momento o partido. Y por supuesto, no lo podemos olvidar, dejando unos ingresos extra muy necesarios, gracias a la magnífica política de ticketing y a la vuelta del Seient Lliure. Como siempre que se le ha necesitado históricamente, el culé ha respondido con creces, y debemos felicitarnos por ello. Esperemos que el equipo y el club le sigan la estela. Hoy, está clarísimo que no es el caso.

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