Dembélé resuelve los cuartos de la Copa como un partido del PES

El FC Barcelona avanza hacia las semifinales de la Copa del Rey tras imponerse ante una Real Sociedad marcada por la expulsión de Brais Méndez

Crónica de Joan Cebrián (@Motijoan)

Poco rastro quedó de la arrasadora Real Sociedad de Imanol Aguacil en el Camp Nou. Con 38 puntos y una gran racha de victorias en LaLiga, los txuri-urdin llegaban a la Ciudad Condal como una amenaza considerable para el FC Barcelona. Sin embargo, los culés se impusieron en el enfrentamiento con creces. Los blaugranas asumieron el protagonismo del enfrentamiento y gobernaron el partido de inicio a fin. En lugar de volverse torpe con superioridad numérica, el Barça se impuso al conjunto vasco para conseguir la clasificación a las semifinales de la Copa del Rey. Aun generando la mayoría de ocasiones, curiosamente el jugador que determinar el partido superando su fama de ‘poco resolutivo’ fue Ousmane Dembélé.

Gran parte de la superioridad blaugrana llegó por la continuidad, y es que Xavi Hernández ha encontrado el que es su ‘once’ de gala de la temporada. El técnico egarense volvió a apostar por jugar con cuatro centrocampistas y sólo un extremo. Tal como ocurrió en Oriente Medio, el Barcelona se mostró mucho más fiel a su estilo de juego juntando a Pedri González, Gavi, Frenkie De Jong y Sergio Busquets. Relación beneficiosa la de los dos últimos jugadores, que se ofrecen el tiempo y el espacio que necesitan para brillar. Reciprocidad en toda regla, aquella que cualquiera querría tener con su pareja. Además, con una línea defensiva que transmitía tranquilidad, el Barça se sentía imparable. Incesable en la búsqueda del gol.

La Real Sociedad no tuvo el balón como le habría gustado. Sin él, los txuri-urdin se sentían desnudos, desprotegidos ante el frío que acechaba el Camp Nou. Prueba de ello fue que el Barcelona no tuvo problemas en asumir el protagonismo desde los minutos iniciales. Un gol anulado a Robert Lewandowski -deshabilitado por De Jong en fuera de juego- avisó a la Real, que jugaba con la suerte a medida que el Barça llegaba a su portería. Sin embargo, el partido se vio condicionado por la expulsión de Brais Méndez. El gallego pisó con los tacos a Busquets y, una vez revisada la jugada a través del VAR, Jesús Gil Manzano cambió el color amarillo por el rojo. Méndez no contó con la misma suerte que Dembélé, que menos de una semana atrás se libró de dejar a su equipo con 10 en una jugada similar.

El Barça generaba ocasiones, pero no las resolvía hasta que llegó Dembélé. El francés se estaba mostrando acertado durante todo el partido: hacía sufrir a Diego Rico y decidía bien. Su actuación, digna de una partida del PES 6: con la flecha para arriba estaba siendo imparable. Además, ante la Real se estaba desatando atacando el espacio y finalizando. Su partido merecía acierto de cara a portería y así finalizó. Con una asistencia de Jules Koundé, Ousmane ganó en pura velocidad a la defensa txuri-urdin para batir a Álex Remiro, que se condenó por poner la mano excesivamente blanda. El cancerbero no se esperó que el culé definiera a través del primer palo.

A medida que avanzaron los minutos la Real Sociedad se adaptó más a su realidad. Encajó el golpe de la expulsión junto a las bajas del partido para llegar a la portería de Marc-André Ter Stegen. Sin embargo, esa picaresca que tuvo para proponer ocasiones le faltó a Alexander Sørloth para definir a placer. El empate estuvo en sus piernas, ya que ni siquiera estaba en fuera de juego. Pero, inexplicablemente, el noruego falló y no hizo gala del encuentro que estaba firmando. De poco sirvió la imaginación de Take Kubo para encontrar pases donde no los había sin un brazo armado que rematara la faena.

Ter Stegen se vio obligado a intervenir en el tramo final de la portería, pero respondió con la misma seguridad que transmiten Koundé, Ronald Araújo y Andreas Christensen. El Barcelona rindió un homenaje a los jugadores del PES 6 con ganas de protagonismo, una idea clara y un jugador sobresaliente como punta de espada. Ousmane Dembélé se convirtió en el jugador que, independientemente de la defensa que pusieras, sabías que te superaría con el R2 del controlador de la PlayStation. Pero sobre todo, el francés se transformó -al fin- en el extremo que unió su técnica individual con su capacidad de pensamiento, algo más habilitado cuando actúa más como recurso que no como centro de la acción. El Camp Nou, consciente del espectáculo que había presenciado, no dudó en responderle con una ovación.

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