Ni tan diablo, ni tan santo

Artículo escrito por Luis Quintana.

El debate mediático español no descansa y se desgasta por intentar colocar a Vinicius Jr en el centro de una realidad paralela, en la que predomina la necesidad vital de hacer pasar al brasileño por víctima, -lógico y justo- pero no por responsable de sus actitudes desafiantes y poco deportivas. Un discurso contradictorio a aquella campaña que con tanta crudeza puso en el punto de mira a Neymar Jr durante su estancia en Barcelona. Ante los ojos de sectores mayoritarios de la prensa, y por ende, de casi la totalidad de los aficionados, Neymar Jr era poco menos que un personaje desafiante, chulo y provocador, mientras que Vinicius se limita a ser un jugador alegre. En este contexto, surge la siguiente pregunta: ¿Los límites morales los establecen las acciones o los poderes mediáticos?

A Vinicius lo cosen a patadas, siendo el futbolista de LaLiga que más faltas recibe -un total de 79, con una media de casi 4 por partido-. Los rivales intentan buscarle para encenderlo cual piedra de mechero, y la inmensa mayoría termina por conseguir avivar esa llama que habita dentro de él.

El último de los ejemplos fue lo ocurrido en Son Moix, que ya figura como territorio hostil para el jugador del Real Madrid. Allí, Raillo extendió su camiseta hacia Vinicius hasta acercar el escudo del RCD Mallorca a su boca, intentando así que lo besase. Allí, Pablo Maffeo se mofó de él, gesticulando en su cara signos de ‘llorón’ en varias ocasiones. Lo sabemos. Lo condenamos. Pero también allí, Vinicius mostró a la afición del Mallorca, con aires de superioridad, el escudo del Real Madrid al pitar el árbitro el descanso. Allí también, aunque el año pasado, ‘mandó a segunda’ a algún que otro jugador rival. Actitudes despreciables y antideportivas las de Raillo y Maffeo, como también lo fueron las del delantero del Real Madrid.

Neymar y Vinicius coinciden sobre todo en dos cosas: son brasileños y disfrutan jugando al fútbol. Son veloces, desequilibrantes, gambeteadores… alegran la vista y llegan a justificar el precio abusivo de las entradas. Jugadores de estas características exigen de protección, pero no de sobreprotección. Detener el juego mediante faltas es parte del fútbol. No lo fue aquella agresión inadmisible del jugador del Valencia, Paulista, sobre Vinicius en el Bernabéu. Ese tipo de conductas son las que no pueden producirse. También sobra decir que el acoso racista que recibe Vinicius de según qué sectores de ciertas aficiones ha de condenarse, y no permitir que energúmenos disfrazados de aficionados vuelvan a pisar un estadio de fútbol.

Para los ‘culés’, Neymar fue un incomprendido mediático durante mucho tiempo. Lo acusaban de menospreciar al rival con su fútbol y con algún que otro gesto o baile. Alguna vez se excedió y traspasó la línea, pero su arma habitual era el balón en los pies. Lambretas, caños y bailes que aumentaban su carisma. No es una falta de respeto bailar. No es una falta de respeto aprovechar tu destreza con el balón. Baila Vini, baila, hazme caso, pero no mantengas esa actitud desafiante en cada interrupción del partido: te moviliza hacia un terreno poco sembrado, entre dos esferas que no se tocan, que tan siquiera se rozan, bailando entre el partido y las actitudes que adoptas y que a su vez te perjudican.

Faltan jugadores de este talento en LaLiga, también en el FC Barcelona. Pidámosle a la competición que los proteja, que los cuide, y al poder mediático que no trate de encubrir actitudes de juvenil enrabietado. Por la salud de nuestro fútbol, sería conveniente ser capaces de apreciar los grises, y entender que existen jugadores que andan entre lo correcto y lo incorrecto. Es el caso de Vinicius Jr: un provocador y un provocado. 

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